12 noviembre 2009
11 noviembre 2009
La revolución pacífica que acabó con la República Democrática Alemana comenzó… en una Iglesia
De la página de la Deutsche Welle
La revolución pacífica que llevó a la desaparición de la República Democrática Alemana nació en la ciudad de Leipzig. DW-WORLD conversó con uno de sus protagonistas: el antiguo sacerdote, Christian Führer.
Entre 1980 y 2008, Christian Führer fue sacerdote en la iglesia protestante de San Nicolás, en Leipzig. Se jubiló en marzo de 2008, pero sus recuerdos sobre la revolución pacífica que llevó a la desintegración de la República Democrática Alemana, y que transcurrió entre “oraciones por la paz“ y “lunes de manifestación”, siguen tan activos como antaño.
Christian Frührer, párroco de la iglesia de San Nicolás de Leipzig entre 1980 y 2008.
DW-WORLD: El 9 de octubre de 1989, exactamente un mes antes de cayera el Muro de Berlín, tuvo lugar en Leipzig la mayor manifestación espontánea de la RDA hasta ese momento. 70.000 personas salieron a la calle, una masa contra la cual el SED, el Partido Socialista Unificado de Alemania, no podía hacer nada. ¿Cómo se logró movilizar a tanta gente?
Christian Führer: Esa es la gran pregunta. Las llamadas “oraciones por la paz”, que tenían lugar todos los lunes en la iglesia de San Nicolás de Leipzig desde 1982, siempre fueron un punto de encuentro para gente crítica que no podía articular de otro modo su opinión. Y se corrió la voz. Cuando el 8 de mayo de 1989 las autoridades bloquearon las calles de acceso a la iglesia, nuestros adeptos se habían multiplicado considerablemente.
El Estado pensaba que con esta medida lograría amedrentar a los asistentes, pero ocurrió exactamente lo contrario. Para la misa de otoño, el 4 de septiembre, los equipos de televisión de la Alemania occidental habían obtenido un permiso de filmación. Cuando salimos de la iglesia estaban allí, frente a la puerta, y nuestra gente desplegó una pancarta en la que se leía „Por un país abierto y con gente libre“.
Logramos mantener la pancarta sólo 15 segundos en el aire antes de que la Stasi [la policía política de la RDA] interviniera. Pero esos 15 segundos transcurrieron ante todo Occidente. Los noticieros de la noche emitieron las imágenes y así, no sólo los alemanes del oeste se enteraron de lo que estaba ocurriendo en Leipzig, sino también todos los habitantes de la RDA, porque todos veíamos la televisión de occidental.
Y entonces llegó el 7 de octubre del 1989, el 40 aniversario de la RDA…
Ese día cientos de personas fueron detenidas delante de la misma iglesia. El mismísimo [Erich] Honecker había dicho: „Hay que cerrar la iglesia de San Nicolás“. Y la policía actuó de un modo desconocido hasta entonces: vino en traje de combate, con garrotes, perros y escudos, y molieron a golpes a todo el mundo: durante el día entero, desde el mediodía hasta por la noche.
En la prensa se había escrito cosas como „el lunes [9 de octubre] se va a acabar con la contrarrevolución: si no se puede de otro modo, tendrá que ser por la fuerza“. El 8 de octubre vinieron médicos a misa y nos contaron que en los hospitales se estaban liberando unidades por si había que atender a heridos de bala. Al 9 de octubre se le tenía mucho miedo.
Con una vela en la mano, no se pueden dar golpes.
¿Cómo se desarrollaron las manifestaciones masivas del 9 de octubre?
Logramos meter a entre 6.000 y 8.000 personas en las iglesias del centro, más no cabían, pero en realidad habían venido a la manifestación unas 70.000. No podíamos ni salir de la iglesia. ¡El patio de San Nicolás estaba lleno de gente! Todos llevaban una vela en las manos. Una vela implica de por sí la no violencia porque, si no quieres que se te apague, tienes que sostenerla con las dos manos, así que no puedes no puedes tirar piedras o pegar con el garrote.
Un miembro del Comité Central del SED confesó después: „estábamos preparados para cualquier cosa, menos para velas y oraciones“. La policía no tenía orden de intervenir en un caso así. Si hubiéramos atacado a los policías, entonces habrían tenido un motivo para actuar y todo habría terminado como siempre. Pero los tanques se retiraron y no hubo ni un solo disparo. En ese momento supimos que la RDA ya no volvería a ser la misma. Más que una certeza, fue el presentimiento de que algo maravilloso había sucedido. Aunque la dimensión real no la entendimos hasta mucho después.
“Sin Leipzig no hubiera existido la revolución pacífica que acabó con la RDA”
La iglesia de San Nicolás: centro las manifestaciones de 1989.
Usted siempre proclamó la no violencia y animó a los manifestantes a no dejarse intimidar por el ejército, incluso cuando entraban en acción los tanques, ¿de dónde sacaba la certeza de que todo iba a salir bien?
No teníamos ninguna certeza de que fuera a ser así. Teníamos miedo, día y noche, pero la fe siempre fue mayor que el miedo. Jesús nos había enseñado el poder de la no violencia, y esa era nuestra única arma. En el momento que usáramos violencia, nos volveríamos como ellos y perderíamos la bendición de Dios. Esto fue lo que logré transmitirles a los jóvenes en las oraciones por la paz y, sorprendemente, todos lo aceptaron.
Lo que vivimos entonces me emociona todavía hoy: en un país no cristiano, la masa resumió la bienaventuranza del sermón del monte de Jesús en unas pocas palabras: “¡No a la violencia!“. Y no sólo lo proclamaron, sino que lo practicaron consecuentemente. Si algo mereció jamás ser tildado de milagro fue aquello. Ninguno de nosotros había hecho jamás la revolución: era nuestra primera vez, y la llevamos a cabo sin derramar sangre. Y ese fue el principio.
¿Quiere decir que sin los habitantes de Leipzig no habría existido la revolución pacífica de la RDA?
En mi opinión, no. Porque nosotros teníamos algunas cosas que no existían en otros sitios, como las oraciones por la paz, que practicábamos todas las semanas desde hacía tiempo, o un importante grupo de personas que quería abandonar el país. El hecho de que todos permaneciéramos unidos bajo el techo de nuestra iglesia fue algo único. Y eso atrajo a las masas. Vino gente de toda la RDA: el 9 de octubre de 1989 no sólo se acercó gente de Leipzig o del Estado de Sajonia, sino de toda la República. Sin Leipzig no habría habido 9 de noviembre de 1989, y mucho menos el 3 de octubre de 1990 [fecha en que se firmó el tratado de reunificación de las dos Alemanias].
¿Qué queda hoy de la revolución pacífica de la RDA?
Creo que deberíamos de recuperar aquel coraje civil para intervenir y participar, en lugar de decir “ya se hará cargo alguien...“ o “ya se arreglarán las cosas…“. Tenemos que asumir la responsabilidad y ocuparnos de nuestro país. Los alemanes hemos hecho los sacrificios más absurdos. Ahora hay que sacrificarse por lo que vale la pena, por esta Alemania reunificada, por este país maravilloso y esta democracia. Tenemos que comprometernos y no huir de las dificultades. Y la manera más fácil de llevar esto a cabo es a través de la participación electoral. Esa fue una de las reivindicaciones del otoño de 1989, ¡las elecciones libres!
Usted dice que “Alemania es un país maravilloso, una democracia maravillosa“, sin embargo, ha criticado muy duramente el proceso de reunificación. En su opinión, ¿qué se ha hecho mal?
Pues, por ejemplo, la fiesta nacional debería ser el 9 de octubre, y no el 3. Esto habría fomentado la autoestima de los ciudadanos de la antigua RDA. Porque fue aquí, en la Alemania del este, donde dio el paso hacia la reunificación, y eso sin ayuda externa.
Otro error es el nombre: el país no puede seguir llamándose República Federal de Alemania. Para mí, la RFA es sólo a una parte de Alemania. ¡Imagínese si hubiéramos querido que la nueva Alemania se llamara RDA! ¡Nos habrían tomado por locos! Pero así se le pudo dar a los alemanes occidentales la sensación de que todo seguía como antes, de que nada había cambiado, salvo que ahora se les había agregado un trozo de territorio.
Y finalmente, el himno: los nazis ensuciaron esa canción para siempre, así que no puede seguir siendo el himno nacional.
La iglesia de San Nicolás sigue siendo hoy lugar de manifestación.
En la iglesia de San Nicolás siguen rezando por la paz: por África, por la agricultura sin manipulación genética... ¿No sería mejor movilizar a la gente contra la injusticia a andar rezando cada semana por algo distinto?
Todos los años realizamos tres oraciones por la paz referidas al tema desempleo. En 1992 fundamos un círculo de charlas llamado “Esperanza para los desocupados”. Y solemos organizar actos contra el neofascismo.
¿Y han logrado reducir la presencia de neonazis?
Neonazis siempre va a haber, pero si la población no se deja intimidar habremos dado un gran paso hacia adelante. Lo importante es que la gente no se deje amedrentar por unos pocos que formando mucho escándalo parecen muy fuertes, pero en realidad sólo viven del miedo que de los otros. Tenemos que eliminar ese miedo. Y lo mismo hay que hacer con el tema del desempleo y con todo lo demás. Para estos efectos las oraciones por la paz siguen funcionando.
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José Ignacio Busta, o.s.a.
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10 noviembre 2009
El Salvador: El Estado admitió su culpa en el asesinato de Monseñor Óscar Romero
De la Agencia Zenit
La Iglesia se mostró satisfecha y pidió no manipular la memoria del obispo
SAN SALVADOR, lunes, 9 noviembre 2009 (ZENIT.org).- La Iglesia Católica en El Salvador se mostró este domingo satisfecha por la decisión del Gobierno del presidente Mauricio Funes de asumir la responsabilidad del Estado por el asesinato del Siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero, ocurrido el 24 de marzo de 1980.
El obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, tras celebrar la misa dominical de la catedral, señaló, en una rueda de prensa, que con este gesto culmina el esfuerzo iniciado por el extinto arzobispo Arturo Rivera y Damas, quien demandó al Estado salvadoreño ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En una audiencia de la CIDH celebrada este viernes en Washington, Estados Unidos, una delegación gubernamental pidió disculpas en nombre del Estado por el crimen del obispo Romero y afirmó que hará efectiva la resolución del organismo interamericano dada en abril de 2000, para reparar el daño moral.
Monseñor Rosa Chávez indicó que monseñor Rivera y Damas demandó al Estado por no haber investigado de manera adecuada el crimen de su predecesor que conmovió a la comunidad internacional. Según monseñor Rosa, “de esta manera se reafirmó solemnemente el compromiso de cumplir con lo establecido en la resolución el 13 de abril de 2000, [por eso] vemos con simpatía este gesto de parte del presidente Funes”.
Sin embargo, añadió, “pedimos al Señor que las decisiones que se tomarán en los meses que vienen para llevar a efecto el compromiso asumido contribuyan a la reconciliación de la familia salvadoreña”.
“Esto implica que el martirio del pastor sea tratado con el mismo respeto, dejando a su lado toda intención de manipular su memoria. Se trata de algo sagrado. No podemos tocar a monseñor Romero con las manos sucias”, advirtió monseñor Rosa Chávez. Explicó que para lograr la reconciliación el país necesita del perdón y el olvido, pero también de la verdad, la justicia, el perdón y la reparación.
La resolución de la Comisión Interamericana señala investigar el caso para identificar, juzgar y castigar a todos los responsables del crimen de Romero, así como derogar la amnistía, reparar los daños y otorgar una indemnización.
El director general de Derechos Humanos de la cancillería, David Morales, transmitió a la Comisión el compromiso del Gobierno de Funes “de cumplir de buena fe” y en la medida de sus posibilidades las recomendaciones de este organismo.
Romero fue asesinado cuando celebraba la eucaristía el 24 de marzo de 1980 por agentes del Estado que integraban escuadrones de la muerte.
La Comisión de la Verdad, que investigó los crímenes de guerra en este país, señaló como autor intelectual del asesinato de monseñor Romero al fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), Roberto D'Aubuisson, ya fallecido.
Pero la Ley de Amnistía, aprobada un año después de los Acuerdos de Paz, que pusieron fin a la guerra civil en el país (1980-1992), dejó en la impunidad ese crimen.
En cuanto a una eventual derogación de la Ley de Amnistía de 1993, que impide que sean procesados responsables de abusos de derechos humanos, Morales advirtió que “depende de instancias independientes del Ejecutivo”. “El tema de la amnistía es un tema que carece de la discusión técnica suficiente en El Salvador, aunque ya desde hace nueve años la Sala Constitucional de la Corte Suprema determinó que la amnistía no era aplicable a violaciones de los derechos humanos”. Morales dijo que es necesario abrir “una discusión incluyente sobre cuál es la forma más adecuada de reconciliación, sin discriminación a las víctimas de derechos humanos esta vez”.
La postura de admisión del presidente Mauricio Funes representa un cambio radical en la posición que había mantenido hasta ahora el Estado salvadoreño, que se había negado a aceptar el informe presentado en 2000 por la CIDH. Según ese informe, hubo una “manipulación de la justicia con evidente abuso y desviación de poder”, lo que impidió la sanción de los responsables.
En la CIDH se le dio la bienvenida al cambio de postura oficial salvadoreña y se le pidió al gobierno entregar en 30 días un primer informe de seguimiento de las labores realizadas en el caso de monseñor Romero. El Estado de El Salvador tiene una trayectoria de incumplimiento de las decisiones dictadas por la CIDH. Pese al cambio de actitud anunciado, el gobierno de Funes no ha ofrecido disculpas públicas, como han exigido algunas organizaciones de derechos humanos.
El proceso de canonización del Siervo de Dios Óscar Arnulfo Romero sigue su proceso por martirio en la Congregación para las Causas de los Santos de Roma.
Por Nieves San Martín
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José Ignacio Busta, o.s.a.
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Festejos por la Caída del Muro: Berlín, el muro de dominó
Del Periódico Crónica de México
Las celebraciones conmemorativas del 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín culminaron esta noche ante la Puerta de Brandeburgo, donde los oradores recordaron que los protagonistas de la revolución pacífica no sólo acabaron con la división alemana, sino también con la de Europa y el mundo.
La canciller alemana, Angela Merkel, rememoró el 9 de noviembre de 1989 como el día de la “victoria de la libertad”, una libertad, dijo, que no debe contemplarse como un bien “sobreentendido”, sino algo por lo que se debe luchar y defender cada día.
“Celebramos el valor y la voluntad inquebrantable de miles de personas en la RDA pero también celebramos las transformaciones de nuestros amigos en el este y el centro de Europa que prepararon la caída del muro”, dijo Merkel, que también tuvo palabras de agradecimiento para las potencias aliadas que facilitaron la reunificación del país.
Discursos parecidos pudieron escucharse de los presidentes de las potencias protagonistas de la división alemana y luego de la reunificación, desde el ruso, Dmitri Medvedev; su colega francés, Nicolás Sarkozy; el primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente estadounidense, Barack Obama, de quien se proyectó un mensaje por video.
Al acto acudieron también los jefes de Estado o de Gobierno de los 27 países miembros de la Unión Europea y estadistas retirados como el ex presidente soviético Mijail Gorbachov, el ex ministro alemán de Exteriores Hans Dietrich Genscher o el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger.
Música para fin de fiesta. La fiesta bajo la lluvia tuvo un espacio para el recuerdo de la persecución de judíos, otro 9 de noviembre, éste de 1938 en la negra “noche de los cristales”, definida por el músico argentino-israelí Daniel Barenboim como la “antítesis monstruosa de la noche más hermosa de Berlín”.
“Quedan muchos muros por derribar. Algunos son mentales, otros no. A mi, como judío e israelí, pero también medio palestino, me duele el muro entre mis dos identidades”, afirmó Barenboim, quien en 2008 adoptó la nacionalidad palestina como gesto por la paz.
La Staatskapelle, bajo la batuta de Barenboim, abrió su concierto al son del “Lohengrin” de Richard Wagner, al que asistieron más de cien mil berlineses.
La fría y lluviosa noche cerró con la caída de un muro simbólico de fichas de dominó, una lluvia de fuegos artificiales y una recepción en el Palacio de Bellevue para todos los estadistas invitados, el presidente Köhler, recordó la noche mágica en la que “la gente bailó sobre el muro de Berlín y el mundo cambió”.
El ex presidente polaco Lech Walesa fue el personaje encargado de dar el empujón inicial al gigantesco efecto dominó construído para festejar los 20 años de la caída del Muro de Berlín. Compuesto por bloques de 2,5 metros de altura, la estructura, que demoró cerca de una hora en caer, representa el sector de la extinta RDA conocido como la "franja de la muerte".
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09 noviembre 2009
Constitución Apostólica “Anglicanorum Coetibus” del Papa Benedicto XVI
Sobre la institución de ordinariatos personales para anglicanos que ingresan en la plena comunión.
Publicamos la constitución apostólica "Anglicanorum Coetibus" de Benedicto XVI sobre la institución de ordinariatos personales para los anglicanos que ingresan en la plena comunión con la Iglesia católica.
(Haz click en la foto para leerla)
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Berlín: De la construcción del Muro a la Reunificación alemana - Vom Mauerbau zur Wiedervereinigung
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José Ignacio Busta, o.s.a.
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08 noviembre 2009
Imágenes del Muro de Berlín: The History Channel
Magnífico comercial de la cadena televisiva The History Channel, haciendo una pequeña sinopsis de lo que fue el muro de Berlín.
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20 años de la caída del Muro de Berlín: Los muros en el mundo
Del Periódico Milenio
Por Inés Sáenz
Europa celebra estos días la caída del Muro de Berlín, sucedida hace 20 años: el 9 de noviembre de 1989 para ser más exactos. Hace dos décadas, el mundo recibió la sorpresa de la libertad recién adquirida de los habitantes de Alemania oriental. Los jóvenes de aquella época fuimos testigos asombrados de un cambio irreversible: el iceberg de la Guerra Fría bajo la cual habíamos nacido se derretía hasta desaparecer.
Nunca olvidaré ese 9 de noviembre de hace 20 años. En ese entonces era una novata profesora de español en una universidad del noreste de EU y la noticia me pescó un helado mediodía, esperando el tren que me llevaría de regreso a casa. Me recuerdo a mí misma leyendo el periódico y mirando perpleja los titulares. Recuerdo incluso la banca de cemento donde me senté a leer la nota que parecía de ciencia-ficción. En ese momento pude intuir, como el resto de las personas, que el mundo sería otro. Efectivamente, así fue: el mundo pareció ensanchar sus puertas. Pocos años después, con el nacimiento de internet, creímos que la idea de un universo sin restricciones sería posible. Veinte años nos han servido para darnos cuenta de nuestra ingenuidad.
La idea de aplaudir lo sucedido en Berlín hace veinte años es muy tentadora. Nos parece muy lógico festejar con nuestra alegría el aniquilamiento de un sistema político totalitario que privó de libertad a muchos. En lo personal, creo que la mejor manera de rendir homenaje a ese muro derrotado es preguntarnos si algo cambió realmente después de que la valla de cemento pisó tierra. Sabemos que la vida de los ciudadanos del bloque comunista se transformó y el capitalismo adquirió estatus de primacía invencible, dos consecuencias palpables de la sacudida berlinesa. La pregunta que me he hecho es si los humanos pudimos sacar provecho de esa experiencia.
Me he dedicado a indagar sobre los muros. El resultado de la búsqueda me desalienta, pues después de la caída de la tapia berlinesa nos encontramos con un hecho contundente: se han construido más muros en nuestro planeta. Te pido, atento lector, que saques tu mapamundi y tus colores para que te pongas a dibujar paredes o líneas divisorias. Hoy en día hay 11 muros; sólo tres de ellos fueron construidos antes de 1989: el muro de arena de dos mil kilómetros a lo largo del Sahara occidental, construido entre 1980 y 1985; el muro de 241 kilómetros que separa Corea del Norte de Corea del Sur y que fue construido en 1954, el único sobreviviente de la Guerra Fría; por último, la pared de 180 kilómetros que se encuentra en Chipre y que desde 1974 separa a la república chipriota griega de la turca.
Repaso ahora el resto de los muros que nacieron después de haberse caído el mastodonte berlinés (revista Books, número nueve, octubre 2009). Empiezo por el muro metálico que rodea Ceuta y Melilla (en España) y que tiene como fin impedir el paso a la migración africana. Fecha de construcción: 1995. Me paso de continente y me dirijo al muro entre Sudáfrica y Zimbawe, y a otro más, una barda electrificada de 500 kilómetros entre Botswana y Zimbawe.
Voy ahora al muro de más de mil 400 kilómetros entre China y Corea del Norte que empezó a construirse en el 2006. (Ojo: no hablo de la muralla china, ésa es otra historia dentro de este relato de muros). Paso al muro entre la India y Bangladesh que mide cuatro mil kilómetros y que se edificó a partir de 2002. Para continuar con la misma región, hablaré de otro muro: el erigido entre la frontera de la India y Pakistán entre 2002 y 2003. Esta es propiamente una barda electrificada de 550 kilómetros. No pueden faltar, claro está, los muros de cemento israelitas que empezaron a construirse en 2002 y que finalizarán en 2010. Como mexicana que soy cierro con broche de oro al mencionar el único muro que hiere el continente americano: el que se encaja en la frontera entre nuestro país y los EU. Mil 100 kilómetros de pared que comenzó a edificarse en 2002. La mayor parte de estos muros son básicamente una protección de los países ricos para no ser invadidos por los países pobres. El caso de Israel es más complejo y merece un artículo aparte. En síntesis: la caída del Muro de Berlín nos ha enseñado a no movernos de sitio, pues hemos insistido en el mismo punto, desarrollando sistemas de defensa costosos, primitivos y, en muchos casos, poco eficaces.
El día de hoy festejamos la caída de un muro cuando todavía nos falta celebrar la desaparición de otros once. Este podría ser un interesante tema de conversación mientras escuchamos los mareadores discursos oficiales sobre lo maravillosa que es la libertad…. de unos cuantos.
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José Ignacio Busta, o.s.a.
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07 noviembre 2009
Gracias
Esta es mi acción de gracias hoy, Señor. La digo con las palabras de un gran poeta universal:
Fue tu voluntad hacerme infinito. Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida.
Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña, y has silbado en ella melodías eternamente nuevas.
Al contacto inmortal de tus manos, mi corazoncito se dilata sin fin en la alegría, y da vida a la expresión inefable.
Tu dádiva infinita sólo puedo recogerla con estas pobres manitos mías. Y pasan los siglos, y tú sigues derramando,
y siempre hay en ellas sitio que llenar.
Rabindranath Tagore
Ofrenda Lírica, 1
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José Ignacio Busta, o.s.a.
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06 noviembre 2009
Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca (San Agustín)
Retened lo que poseéis, pero de forma que deis a los necesitados. Al hombre que no había robado lo ajeno, pero que miraba por lo suyo con diligencia inmoderada, nuestro Señor Jesucristo le dijo: Necio, esta noche se te quitará tu alma. ¿Para quién será lo que acumulaste? (Lc 12,20). Pero. luego añadió: Así es todo el que atesora para sí y no es rico en Dios. ¿Quieres ser rico en Dios? Da a Dios. Da no tanto en cantidad, como en buena voluntad. Pues no por dar poco, de lo poco que posees, se considerará como poco cuanto dieres. Dios no valora la cantidad sino la voluntad. Recordad, hermanos, aquella viuda. Oísteis decir a Zaqueo: Doy la mitad de mis bienes a los pobres. Dio mucho de lo mucho que tenía y compró la posesión del reino de los cielos a gran precio, según las apariencias. Pero si se considera cuán gran cosa es, todo lo que dio es cosa sin valor comparado con el reino de los cielos. Parece que dio mucho porque era muy rico.
Contemplad aquella pobre viuda que llevaba dos pequeñas monedas. Los presentes observaban lo mucho que echaban los ricos en el cepillo del templo y contemplaban sus grandes cantidades. Entró ella al templo y echó dos monedas. ¿Quién se preocupó ni siquiera de echarle una mirada? Pero el Señor la miró, y de tal manera que sólo la vio a ella y la recomendó a los que no la veían, es decir, les recomendó que mirasen a la que ni siquiera veían. «Estáis viendo -les dijo- a esta viuda, -y entonces se fijaron en ella-; ella echó mucho más en ofrenda a Dios que aquellos ricos que ofrecieron mucho de lo mucho que poseían». Ellos ponían sus miradas en las grandes ofertas de los ricos, alabándolos por ello. Aunque luego vieron a la viuda, ¿cuándo vieron aquellas dos monedas? Ella echó más en ofrenda a Dios -dijo el Señor- que aquellos ricos. Ellos echaron mucho de lo mucho que tenían; ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca. ¿Quién echó más que la viuda que no se reservó nada para sí?
Sermón 107 A.
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José Ignacio Busta, o.s.a.
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Dar hasta que Duela
XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
-- ¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.
Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos les dijo:
-- Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.
Mc 12,38-44
Dos mujeres ocupan hoy las lecturas del domingo. Dos mujeres que no tienen nada en común con las mujeres que ocupan a diario páginas y páginas de los periódicos que devora la gente. Normalmente, las mujeres que ocupan estos periódicos aparecen allí porque pertenecen a eso que se ha dado en llamar -no sé con que fundamento- "alta sociedad" y aparecen contándonos, por escrito y plásticamente, sus conquistas, sus fiestas extravagantes, sus infidelidades, sus vaciedades sin cuento.
Aparecen luciendo sus joyas y su anatomía. Esos son sus títulos y por eso se les paga para que, con una prosa en todo semejante a sus hazañas, nos cuenten "su vida", una vida que, por otra parte, no comprendo a quién puede interesarle. Hoy y aquí, las dos mujeres que aparecen en las páginas de la Escritura no son jóvenes, ni guapas, ni dan con la medida anatómica exacta, ni han alcanzado un título de "miss", ni dan el tono, ni se lo pasan bien, ni son brillantes decididas y liberadas. Todo lo contrario.
Una de ellas es una viuda que vive en un pequeño pueblo situado al Sur de Sidón, Sarepta, y que, presumiendo que ha llegado al fin de su existencia, se prepara para terminar sus escuálidas provisiones y morir después, junto con su hijo. Si en cualquier momento y cultura ser viuda es símbolo de soledad y vacío, en el momento histórico en el que se nos presenta a la viuda de Sarepta, ser viuda debía ser... ¡como para morirse! Quizá no se podía encontrar una persona menos persona que una viuda. Pues bien, a ella fue Elías y con ella se hizo el milagro, un milagro arrancado por la fe ciega y la generosidad sin límites de aquella mujer. Elías le pidió de comer y ella le entregó, sin reservarse nada, todo lo que tenía, fiada en la promesa de aquel hombre al que no conocía de nada, pero que le hablaba en nombre de Dios. Y el Dios de Israel fue con ella un excelente despensero, que veló cumplidamente para que la "orza de harina no se vaciase y la alcuza de aceite no se agotase". Toda la fuerza de Dios aparece puesta al servicio de una mujer pobre, débil, abandonada e ignorada.
La otra mujer que protagoniza hoy las lecturas es también pobre e insignificante. No sabemos ni siquiera su nombre. También era viuda. También tenía, por consiguiente, una situación difícil. Frente a ella están los ricos echando abundantemente en la bandeja del Templo y pasando desapercibidos para la mirada del lince de Cristo. Pero, de repente, entre las espléndidas limosnas, "dos reales", tintinearon con un sonido especial. Era el don de la viuda, que, al echarlos en la bandeja del Templo en el que creía y confiaba, se quedó sin nada. Y algo sonó en el corazón de Cristo, que acusó el impacto y quiso en seguida que ese impacto que El había recibido lo captasen los suyos, para que jamás olvidaran lo que, a los ojos de Dios, era verdaderamente interesante. "Os aseguro -les dice a los discípulos- que esa pobre viuda ha echado más que nadie... porque ha echado todo lo que tenía para vivir." Dos mujeres que han llegado como una flecha hasta el corazón de Dios. Dos mujeres que merecen, en la Escritura, los honores de una primera página a todo color. Dos mujeres poco decorativas, posiblemente arrugadas, envejecidas, agobiadas por tantos y tantos problemas como su vida difícil les deparaba. Dos mujeres que han atravesado el tiempo para llegar hasta nosotros y golpearnos con su ejemplo espléndido. No importa que no sepamos su nombre ni el color de sus ojos. Lo verdaderamente interesante es que esas dos mujeres fueron, por un momento, protagonistas de una historia vivida con Dios y cumplieron perfectamente su papel en ella.
Son dos historias preciosas y estimulantes, con una clara lección: para conseguir que el corazón de Dios se sienta "tocado" no hace falta ser importante, ni saber mucho, ni ser "letrado", ni impactar con el brillo de amplios ropajes, ni... nada de todo eso que llega tan directamente a nuestro pobre y pequeño corazón. Para llegar al corazón de Dios sólo hace falta dar cuanto se tiene, creer en sus promesas sin reservarse nada, poner la vida "en la bandeja" y esperar confiadamente en el milagro de que El hará que no se acabe nunca la esperanza, la ilusión, la inquietud, esa especial harina y ese aceite sobrenatural que se necesita para caminar por la vida cristiana, aunque, a veces, nos sintamos en ese camino tan angustiados y solos como debieron sentirse en su momento estas dos viudas de la Escritura que hoy contemplamos, al menos yo, con tanto cariño.
DABAR 1982, 55
En su Ética a Nicómaco, Aristóteles define el hombre pródigo como aquel que se arruina por su gusto, de forma que la prodigalidad viene a ser una especie de destrucción de sí mismo, dado que sólo se vive con lo que se tiene. Quien da todo lo que tiene corre el riesgo de morir. La viuda del evangelio de este domingo es, según esta definición, una viuda pródiga porque echó en el cepillo del templo todo lo que tenía para vivir. San Marcos, jugando con las palabras, termina la narracción utilizando una —bios— que tiene, en griego, dos significados: vida y medios de subsistencia. Al decir que la pobre viuda echó toda su subsistencia, dice también que dio toda su vida, porque de las dos monedas dependía, en verdad, su vida entera. Con su limosna, la viuda convirtió su pobreza en auténtico sacrificio e inmolación; como si hubiera derramado su vida en libación sobre el altar o la hubiera quemado como incienso en la presencia de Dios; y todo sin ser notada, como se hacen las cosas grandes: en secreto. Descubierta sólo por la mirada de Cristo que, más allá de las apariencias, penetra en lo interior.
Al descubrirla con la mirada de Cristo, san Marcos la sitúa en contrapunto de los escribas que se pavonean con sus llamativos ropajes, reclamo de reverencias y adulación de la gente. La falsa justicia que Cristo fustigó en el sermón del monte se dramatiza en estos personajillos, hambrientos de vanidad y codicia, que recibirán la sentencia rigurosa de Dios por haber adulterado la oración y extorsionado a las viudas. También éstos son pródigos, como aquel hijo de la parábola que dilapidó todos sus bienes y se destruyó a sí mismo, porque sólo se amó a sí mismo. Los escribas dilapidan todo para ganarse la admiración de los hombres y ser tenidos por justos al margen de Dios. La viuda, por el contrario, todo lo entrega, y conquista, sin ella saberlo, la alabanza del Señor. Con dos monedas se perdió a sí misma y se ganó para Dios.
Esta escena ocupa, en el evangelio de Marcos, un lugar muy significativo. Es el colofón a todos los dichos y hechos de Jesús. Viene a decir que, ante lo que Cristo dice y hace, debemos evitar la actitud de los escribas —¡Cuidaos de los escribas!— con su hueca piedad e hipocresía. Debemos más bien observar a la viuda para descubrir en ella el verdadero fundamento de la religión: ser pródigos en darnos a Dios, sin reservas, con lo que somos y tenemos. Sólo así Dios será lo único importante de nuestra vida al que serviremos pródigamente con lo necesario para vivir y no con lo superfluo.
+ César Franco
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad.
Por
José Ignacio Busta, o.s.a.
a las
14:54
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